Me empieza a cansar bastante la situación en la que vivimos. Siempre que hay un conflicto en el Tercer Mundo hay un interés por parte de un actor occidental, que siempre se enriquece a costa de los más pobres, aumentando el abismo económico existente en el planeta. Llámese Irak, Afganistán o Somalia, por una parte; o bien Shell, Estados Unidos o Ikea, por la otra. Y es que nunca falla. Ya estoy, como digo, bastante cansado. También ando algo decepcionado al comprobar que, definitivamente, el hombre es un lobo para el hombre, algo que se dijo hace ya mucho tiempo pero que nunca había querido creer del todo. Esta es la verdadera razón por la que siempre habrá injusticias y diferentes clases en el mundo, nos guste o no.
Y cómo no, la situación de Somalia, carente de soberanía, ha sido aprovechada por los de siempre. En este caso, los dedos apuntan a Londres. Y es que al parecer, según apunta la web de la Cadena Ser, “un informe de la inteligencia militar europea de la misión Atalanta alerta de que los piratas no escogen sus víctimas al azar“. Y continúa, “aunque los piratas que perpetran los ataques son sólo simples ejecutores, dicen los informes, los jefes locales de las redes piratas están en permanente comunicación con sus asesores en Londres mediante teléfono satélite, y es precisamente en Londres, donde estos clanes piratas poseen una estructura de informadores bien situados que les permite elegir los objetivos antes de que sus lanchas se hagan a la mar”. Lo que viene a decir que no es casualidad que la mayoría de los ataques se realicen a barcos de países más débiles militarmente, entre los que se incluyen barcos españoles.
Otra de las afirmaciones recogidas en el informe es que “los piratas evitan atacar a los barcos de determinadas banderas“. Así, se señala como especialmente evidente el caso de los barcos británicos, que a pesar de ser una de las marinas mercantes más numerosa en esa zona, apenas ha sufrido ataques en el último año.
Un artículo de Rafael Ramos, corresponsal en Londres de La Vanguardia, y titulado Bucaneros del siglo XXI (segunda parte) habla así de la trama con epicentro en la capital británica.
Londres, como capital del mayor imperio mercantil de la historia donde tienen su sede muchas compañías navieras y aseguradoras (entre ellas el gigante Lloyds), es el epicentro de todas las actividades que se realizan bajo cuerda desde que los piratas capturan un navío –ya sea el petrolero Sirius Star o el pesquero español Playa de Bakio- hasta el pago de la cantidad acordada como rescate, un proceso lento y complejo que por término medio lleva seis meses, mientras una parte y otra regatean como en un zoco árabe pero a través del ordenador y el teléfono.
Otra web, Redjusticiafiscal.org, se pregunta “por qué unos hechos producidos en el cuerno de Africa se resuelven mediante transferencias bancarias desde la ciudad londinense”, y relaciona la trama con la red internacional de blanqueo de capitales y paraísos fiscales.
Pero no sólo la prensa española habla en estos términos. Esta información concuerda con la ofrecida por el Daily Telegraph el 9 de mayo de 2009, en una noticia titulada “Piratas somalíes ayudados por los servicios de inteligencia londinenses” y por otra ofrecida por The Guardian correspondiente al 11 de mayo, titulada “Esto es Londres – la capital del servicio secreto de operaciones de los piratas somalíes”
Acotemos aún más las acusaciones. La empresa londinense Hart Security, especializada en entrenar a mercenarios para conflictos armados, tiene mucho que decir. Según diversas informaciones, esta compañía se encargó de preparar a los Guardacostas Voluntarios Nacionales, entrenados en un principio para mantener alejados del mar territorial somalí a los buitres occidentales deseosos de carroña y que, como era de esperar en uno de los países más pobres del mundo, pasaron a ser cazarrecompensas. La compañía cobró dinero para preparar a los voluntarios, y actualmente se lleva parte de lo que los piratas obtienen de sus secuestros, ya que también actúa como intermediaria con los diferentes gobiernos afectados. Según apunta Hernan Zin en su interesantísimo blog de 20 Minutos, la comisión ronda el medio millón de euros.
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